jueves, 22 de junio de 2017

Hello Summer


¡El verano ya está aquí!

Oficialmente el verano empezaba ayer, pero ya lleva con nosotros un par de semanitas, pues hemos terminado la primavera más calurosa que yo recuerdo. 

Y hoy comienzan las vacaciones de verano. Para muchos un momento de descanso y relax, para otros un agobio pensando cómo conciliar. 

Yo, como el año pasado, tengo la suerte de disfrutar del verano con mis hijos sin tener que cuadrar agendas, vacaciones y campamentos. 

Hagáis lo que hagáis, os deseo a todos un FELIZ VERANO disfrutando de vuestros hijos, de la familia y de los amigos. Porque en el tiempo libre es donde manifestamos cuáles son las cosas y las personas que nos importan, porque es el tiempo donde podemos elegir qué hacer y con quién disfrutarlo.






viernes, 2 de junio de 2017

El dolor en el parto ¿Cómo aliviarlo?

Uno de los miedos más comunes entre las embarazadas, principalmente las primerizas, es el dolor en el parto.

¿Cuánto va a doler? ¿Seré capaz de aguantar el dolor? 

Son algunas de las preguntas más frecuentes que nos hacemos, al temer sentir un dolor excesivo. Pues se trata de un dolor que nunca antes hemos experimentado y no sabemos a lo que nos vamos a enfrentar.
Pese a la idea de que cada uno tiene un umbral de sensibilidad ante el dolor, hay estudios que demuestran que nuestra reacción ante el dolor depende más de procesos mentales, es decir, del momento y la circunstancia en la que nos encontremos y en la que aparezca ese dolor. Por eso, ser conscientes de que el dolor en el parto tiene un sentido nos ayuda a enfrentarnos mejor a él, e influirá nuestra actitud y el apoyo y atención que recibamos.


El problema es que vivimos en una sociedad en la que todo es rápido, buscamos “lo fácil” y tenemos muy poca capacidad de sacrificio, y no queremos que los partos sean de otra manera. Por eso, es común escuchar decir a muchas mujeres que lo único que quieren es “que pase rapidito”, “que se lo saquen” y, por supuesto, “que no duela”.

En el último siglo la medicina ha avanzado y se han logrado muchos descubrimientos. La mejora de la sanidad se ha visto acompañada de la generalización de los partos hospitalarios reduciendo la tasa de mortalidad materno-infantil. Las mujeres comenzaron a acudir a los hospitales a dar a luz porque se sentían más seguras. El problema viene cuando los avances (la epidural, la oxitocina, los monitores…), en vez de ayudar al caso particular que lo necesita, se generalizan para toda la población. Lo que conlleva realizar una alta tasa de partos intervenidos e instrumentalizados. Debido a que una pequeña intervención desencadena otras muchas que, si no son necesarias, en vez de ayudar, perjudican los partos naturales, la recuperación postparto y la lactancia.

Ir a los hospitales confiadas en el apoyo y ayuda del personal sanitario que nos va a atender no es malo per se, pero ha hecho que con el paso de los años hayamos perdido la trasmisión entre generaciones del arte de dar a luz y la sensibilidad para reconocer los cambios que se producen en nuestro cuerpo durante el parto, “dejándonos hacer”, no siendo protagonistas y perdiendo la capacidad de disfrutar de un momento tan especial y único como es el nacimiento de un hijo.

No podemos olvidar que una madre embarazada no está enferma. Tampoco una madre que da a luz está enferma. Vamos al hospital no por enfermedad, sino para recibir una atención adecuada y por estar cerca de unos recursos en el caso de ser necesarios. Una madre que va a dar a luz tiene que ser protagonista del nacimiento de su hijo. Es ella la que da a luz, no los médicos los que sacan al bebé. Es la madre la que siente lo que sucede en su cuerpo y en su hijo, es ella la que le acompaña a nacer.

No digo que dar a luz no sea doloroso. La cuestión fundamental es la forma de estar nosotras en el alumbramiento de nuestro hijo, cómo nos acompañan las personas que están a nuestro lado en el parto (que deben ser las mínimas, de nuestra confianza y con poca intromisión e intervención) y en nuestra capacidad de entrega y sacrificio. Una madre es una sola cosa con el bebé que lleva dentro, que se conecta a sus emociones y a sus sensaciones físicas, incluso al dolor. Y mediante la respiración y el movimiento es capaz de controlar y manejar el dolor.

Tenemos que saber que las contracciones no son dolores, son comprensiones que pueden resultar dolorosas sobre todo cuando su eficacia es máxima. Las contracciones del útero ayudan al bebé a que se vaya colocando y que vaya abriéndose camino.
Las contracciones no aparecen de repente. Toda contracción tiene un inicio suave, un punto culminante y un tiempo de reposo antes de la siguiente.  A medida que las contracciones se van haciendo más fuertes, más largas y más seguidas, la sensación de presión se hace más intensa. Si no dejamos que este proceso suceda a su ritmo, no seremos capaces de irnos adaptando a ese dolor. Me explico. El cuerpo tiene un diseño perfecto y todo está calculado al milímetro. Sólo tenemos que dejar que las cosas que tienen que suceder en el momento de dar a luz pasen cuando tienen que pasar. Si como os decía antes, generalizamos las intervenciones (innecesarias) nuestro cuerpo no reacciona de la forma que debería. Por ejemplo: si nos inyectan oxitocina sintética, y no es necesario (que en un parto natural nunca es necesario, salvo para acelerar el proceso), las contracciones se aceleran, llevan un ritmo que no podemos controlar ni aguantar, y evidentemente vamos a desear pedir la epidural. No es lo mismo, que las contracciones (que son como olas) vayan fluyendo poco a poco y creciendo progresivamente en intensidad, a que nos inyecten oxitocina sintética y de repente tengamos un oleaje constante y fuerte. Si nos da la ola de golpe, nos tumba, si vienen poco a poco las saltamos.

Si dejamos que el proceso sea a su ritmo, al ritmo que marca nuestro cuerpo, seremos capaces de  hacer frente a ese dolor que va viniendo poco a poco. Os pongo otro ejemplo. Es como querer hacer una carrera a toda velocidad el primer día. Sin embargo, el parto es como una carrera de fondo. Tenemos que ir poco a poco, manteniendo el ritmo y las respiraciones y al final darlo todo con un último esfuerzo. Acabaremos agotados, pero podremos conseguirlo. Si queremos correr a máxima velocidad la misma distancia, quizás tardaríamos menos tiempo, pero nos será imposible llegar al final sin desfallecer. Pues esto mismo sucede con el dolor en el parto.

Ante este miedo al dolor, ante el desconocimiento de nosotras mismas, ante las intervenciones innecesarias y ante la confianza ciega en el personal sanitario (¡OJO! Que tengo muchos amigos sanitarios y he dado a luz a mis 3 hijos en el hospital), la epidural se ha convertido en el método más usado para reducir el dolor de las contracciones durante el trabajo de parto. En España en torno al 80% de los partos vaginales tienen lugar con anestesia epidural. Pero no podemos olvidar que la epidural es una intervención médica que tiene riesgos tanto para la mamá como para el bebé y por esta razón jamás debemos usarla de manera rutinaria. 

Manejar el dolor no siempre es fácil, aunque queramos un parto sin epidural. Pero no podemos llegar a dar a luz y lo primero que pidamos sea la epidural, sin intentar si quiera aguantar las primeras molestias. Antes de llegar a usar fármacos para aliviar el dolor, es recomendable intentar reducir el dolor usando otros métodos de alivio natural del dolor.

Lo fundamental es el apoyo psicológico y emocional que reciba la embarazada por parte de la persona que haya decidido que le acompañe en el nacimiento de su hijo. Habitualmente es la pareja, pero puede ser cualquier persona de su confianza, como su madre, hermana, amiga o una doula. Es importante que ésta le acompañe en silencio, sin juzgar, dándole ánimos cuando lo necesite, e intercediendo por ella ante el profesional que le atiende.

Lo siguiente más importante es elegir el lugar que te da más confianza y seguridad para dar a luz. En las últimas décadas lo normal es dar a  luz en el hospital, pero cada vez hay más madres que prefieren dar a luz en casa como toda la vida, debido, como os comentaba antes, al aumento del intervencionismo y falta de privacidad. Estas madres que eligen dar a luz en casa, deben tener embarazos de bajo riesgo, informarse bien y buscar a un equipo de matronas y enfermeras que ofrezcan este tipo de servicios.
Si eliges dar a luz en el hospital, no todos funcionan de la misma manera. Es importante que visites las instalaciones y te informes del protocolo que realizan en los partos, de poder llevar tu plan de parto, de si posee una UCI Neonatal en la que puedas estar la mayor parte del tiempo con tu bebé haciendo piel con piel en caso de que el bebé se tenga que quedar ingresado.


Respiración y relajación. Cuando sentimos dolor, tendemos a ponernos tensos y cambiamos el ritmo de nuestra respiración (reprimimos la respiración, jadeamos o respiramos con rapidez), pero esto no hace más que empeorar el dolor.
Concentrarse en la respiración nos hace tolerar mejor el dolor de la contracción. Para ello hay que respirar de una forma suave y rítmica. Respirar y relajarse entre las contracciones ayuda al útero conseguir todo el oxígeno que necesita para seguir realizando las contracciones de forma adecuada. Respira hondo. Todo lo hondo que puedas y cuando hayas exhalado todo el aire lentamente, incluso con un pequeño gemido, la contracción habrá pasado.

Libertad de movimiento. Una de las mejores formas de manejar el dolor consiste en moverse. Caminar, balancearnos, cambiar de posición o usar la pelota de pilates o la hamaca. Además ayuda a la colocación del bebé en el canal del parto. Durante el expulsivo, adoptar una postura vertical o a cuatro patas mejora y acelera la salida del bebé, versus la posición supina (tumbada boca arriba). En caso de estar tumbadas la mejor postura es lateral.
La pelota de pilates: Sentarnos sobre ella y hacer movimientos de la cadera favorece la colocación del bebé en el canal del parto (puedes realizar estos ejercicios durante todo el embarazo, para el bebé es como una danza, como si le mecieras), calma la presión y el dolor que sientes en vagina y deja la espalda libre para que te den un masaje para aliviar el dolor de riñones.
La hamaca: En algunos hospitales encontramos una hamaca o fular de porteo colgado del techo. Lo interesante de este sistema es que podemos sostener todo nuestro peso mientras nos relajamos y nos balanceamos. Si tienes un fular de porteo y quieres probar en casa, solo tienes que sujetarla a un gancho en el techo o atarla a una viga.

Los masajes de presión suave sobre la zona ayudan a reducir la tensión muscular y a relajarnos. Además es una forma de recibir ayuda, apoyo y cariño de la persona que has elegido para que te acompañe durante el parto.


Aplicar frío o calor sobre la zona y darnos una ducha o baño de agua caliente. Disminuyen la sensación de dolor y nos ofrecen bienestar. El agua caliente durante la dilatación ayuda a relajarse y reduce la ansiedad. Cada vez hay más hospitales que cuentan con duchas o bañeras para que puedas usarlas durante la dilatación.

Tener pensamientos positivos y recuerdos bonitos que nos alegran y hacen que las sensaciones dolorosas que percibimos en nuestro cuerpo también disminuyan. Piensa que cada contracción es una menos para tener en brazos a tu bebé. El momento de abrazarle y mirarle a los ojos cada vez está más cerca.

Crea un ambiente agradable. Baja las luces, pon música que te guste (musicoterapia), velas, aromas (aromaterapia). Aunque no te parezca importante, para muchas mujeres lo es. Si estás en casa es fácil, pero en algunos hospitales te permiten hacerlo y crea un clima más acogedor y confortable.


Otras técnicas son: canto prenatal, rebozo, acupuntura, reflexología, flores de bach, hipnosis. De las que puedes buscar más información si te resultan interesantes.


Y tú, ¿cómo esperas que sea tu parto?


viernes, 19 de mayo de 2017

Quiero portear fresquito en verano

Por fin llega el buen tiempo, y con él las ganas de salir al parque, hacer excursiones por la montaña, ir a la piscina y, por supuesto, ir a la playa. El fin de curso se acerca y ya casi huele a vacaciones.

Mucha gente me pregunta si portear en verano da calor. Porque en España en verano hace calor, ¡mucho calor!

Pero el porteo siempre es la mejor opción para poder hacer ciertos planes, como paseos por la montaña (no todos los caminos son "carritables"), ir a la playa (las ruedas del carro no ruedan bien por la arena) o poder darnos un buen baño en la playa o la piscina con nuestro bebé mientras jugamos con el hermanit@ mayor.



Así que hoy vamos a hablar de todas las opciones posibles para portear fresquitos en verano y disfrutar del porteo con el buen tiempo.

En el post de cómo portear en invierno os daba las claves para abrigarnos de forma correcta cuando porteamos, porque lo importante es la temperatura que se crea entre el porteador y el bebé. En el contacto piel con piel, el cuerpo de la madre termorregula la temperatura del bebé, generando un calor que no supera los 37º. Por este motivo, portear en sí no da más calor que ir dentro de un carrito hecho de materiales sintéticos que no transpiran. 

La clave es buscar portabebés realizados en tejidos naturales, que transpiren, que no tengan acolchados y que cubran al bebé con una sola capa de tela.


BANDOLERA DE ANILLAS

La bandolera de anillas es el portabebé veraniego por excelencia.
Es un portabebé de una capa de tela de tejido natural: algodón, lino o mezcla, siendo de lino las más fresquitas. Podemos utilizarla en posición delantera, a la cadera o a la espalda, aunque el uso generalizado es a la cadera. Es un portabebé que podemos usar durante todo el tiempo de porteo, desde recién nacido hasta niños de 2-3 años que ya caminan y que sólo quieren ser cogidos en brazos en cortos periodos de tiempo.
Es un portabebé rápido de poner (aunque al principio requiere su técnica) y que ocupa poco espacio (podemos llevarlo en el bolso). Nos permite utilizarla ratos medios-largos dependiendo del peso de nuestro bebé, pues el peso se reparte de forma asimétrica en un solo hombro.

Personalmente me encantan las que hacen artesanalmente en Portéame. Puedes elegir a tu gusto la tela, el estampado y el color de las anillas. Y lo mejor de todo es que son las únicas bandoleras artesanales homologadas oficialmente, lo cual da seguridad y confianza al producto.


Existen bandoleras de agua, hechas con materiales sintéticos que secan rápidamente y te permiten bañarte con ellas (en la piscina, la playa o para darte una ducha) y tener las manos libres. Pueden utilizarse desde el nacimiento hasta aproximadamente 15 kilos de peso. Son muy prácticas y cómodas. 

PORTABEBÉS LIGEROS o “AYUDABRAZOS”

Los “ayudabrazos”, sólo nos dejan una mano libre, porque con la otra tenemos que dar cierto sostén al bebé. Se recomiendan para bebés que son capaces de sentarse por sí mismos y sostener la cabeza. Son estupendos para bañarnos con ellos y para las épocas de “sube y baja”.
Similares a las bandoleras (pero sin cola), consisten en un asiento de redecilla de algodón que soportan el peso en un solo hombro. Son muy prácticos para llevar en el bolso porque plegados casi no ocupan espacio.
Existen diferentes marcas. Las más conocidas son:
TONGA: con hebilla que podemos ajustar a diferentes porteadores.
SUPPORI: sin hebilla. Hay que comprarlos por tallas dependiendo del tamaño del porteador.

FULARES

Los fulares tejidos podemos usarlos durante todo el tiempo que porteemos, pues ofrecen muy buen soporte y se adaptan perfectamente a la anatomía del bebé. En verano debemos elegir nudos de una sola capa para aportar frescor, como el nudo canguro. Los de  algodón 100% son una buena opción, pero ofrecen un frescor extra los que son de tejido de lino o bambú, o mezcla de algodón con cáñamo, o algodón y lino.
Fular tejido Lenny Lamb Bambú
En contraposición, los fulares elásticos suelen ser más calurosos puesto que necesitamos las tres capas de tela para dar el soporte adecuado al bebé, ya que con ellos solemos hacer el preanudado de la cruz envolvente delante. Pero también hay fulares muy fresquitos de bambú 100% y semielásticos de mezcla de algodón y cáñamo con los que podemos hacer el nudo canguro, que, como os decía antes, es más fresquito al usar una sola capa de tela.


También existen fulares de agua, que al igual que las bandoleras de agua, son de redecilla realizados con un material especial que se seca rápidamente.
 MEI TAIS

Los mei tais (de origen asiático) consisten en un panel rectangular de tela para el cuerpo y cuatro tiras, dos para la cintura y dos para los hombros, que se cruzan a la espalda y se anudan. Al ser una sola capa de tela y no llevar acolchados resultan muy frescos. Reparten el peso de forma homogénea y pueden utilizarse delante, a la cadera y a la espalda.
Existen mei tais hechos de tela de fular, que son más frescos y se adaptan mejor al bebé. Además puedes encontrar mei tais evolutivos de tela de fular que sirven desde el nacimiento hasta bebés mayorcitos.
Portéame





Al igual que las bandoleras, me encantan los que confeccionan artesanalmente en PortéamePuedes elegir a tu gusto el estampado incluso ¡puedes hacerlo reversible!. Y lo mejor de todo es que son los únicas mei tais artesanales homologadas oficialmente, lo cual da seguridad y confianza al producto.









MOCHILAS ERGONÓMICAS

Y pensaréis… ¿qué pasa con las mochilas ergonómicas?
Las mochilas ergonómicas suelen ser el portabebé más arraigado entre la gente que portea, por su comodidad y, sobre todo, facilidad de uso. Pero, cuando llega el calor, todo el acolchado sintético, da mucho, pero que mucho calor.

Mochila Buzzidil evolutiva
Existen modelos para verano, con tejidos más transpirables. 
Ergobaby tiene una mochila de lino, y el modelo Performance especialmente diseñado para climas cálidos. 
Boba tiene el modelo 4G y el Air que son muy ligeros. 
African Baby Carrier es una mochila de comercio justo de algodón 100% muy fresca con la ventaja de ampliar el panel y poder usarla hasta que el bebé pese unos 25Kg.

A mí me gustan las mochilas hechas de tela de fular, especialmente las que son evolutivas, pues tienen mucha más vida útil y son más frescas para el verano. Las encontramos en marcas como: Buzzidil, Fidella, Emeibaby, Kokadi, Lennylamb.




ASESORÍA de porteo PERSONALIZADA
En Caminaré nos preocupamos porque elijas el portabebés que mejor se adapte a tus necesidades. Por eso, puedo asesorarte de forma personalizada si lo necesitas. Puedes escribirme a caminare.portalacta@gmail.com


Portear en verano ¡es posible! y ¡muy reconfortante!

Y a tí, ¿qué opción te gusta más?






miércoles, 10 de mayo de 2017

Ese gran desconocido... el Suelo Pélvico

Hoy contamos con una colaboración en el blog muy especial. He pedido a una amiga y gran profesional que escriba una serie de post sobre un tema muy específico y que ella conoce a la perfección.

Hasta los últimos años el suelo pélvico era (y sigue siendo) el gran desconocido y, por ende, el gran olvidado. Últimamente, en estos foros de maternidad, se habla bastante de él, pero quizás, muchas todavía no sepáis qué es, dónde está y la importancia que tiene. Para ello, he querido contar con la colaboración de una fisioterapeuta, para que os hable desde la experiencia y profesionalidad.

Así que ¡allá vamos!

Mi nombre es Cristina Jurado Barbo. Gracias a mi marido soy mamá de dos preciosos niños y una princesita que viene de camino. Me diplomé en Fisioterapia, pero mi inquietud por el suelo pélvico llegó tras mi segundo parto al darme cuenta de cuánto la mujer desconocía algo tan nuestro y tan desatendido. Desde mi clínica, ALMASALUD en Almadén, el Centro Matronatal de Ciudad Real y ahora colaborando con Caminaré, intento ayudar a las mujeres (también hombres y niños pueden ser tratados) en este gran e interesante mundo.

Os quiero hacer una breve explicación sobre qué es el suelo pélvico, su función y la importancia de su cuidado.

El suelo pélvico es el conjunto de músculos y estructuras que tapizan la pelvis en su parte inferior. Tiene cuatro importantes funciones: 
  • Sostener las vísceras pélvicas.
  • Contención (orina, heces, gases)
  • Función sexual.
  • Función reproductiva.

Esta parte esencial de nuestro cuerpo mantiene una estrecha relación con el abdomen, la columna lumbar y el diafragma. Si uno falla puede fallar resto, eso se llama ¡trabajo en equipo! 

La gran mayoría de nosotros sabemos cómo trabajar nuestros bíceps, pectorales o cuádriceps, pero ¿y nuestro suelo pélvico? ¿Sabemos cómo se trabaja esta musculatura?

Sería muy importante para todos, mujeres y hombres, conocer y localizar estos músculos y cuidarlos para prevenir futuras disfunciones que por muchísimos motivos puede verse debilitada por una predisposición personal (mujeres más concretamente con debilidad de los tejidos musculares y ligamentosos) pero también por situaciones que hacen que aumentemos la presión intra-abdominal como podría ser la obesidad, la tos crónica, algunos deportes como correr y levantar pesos  o tocar instrumentos de viento. 



En la mujer  podemos encontrar dos momentos de grandes cambios hormonales, bueno, en realidad podríamos decir tres, pues el postparto necesita otra entrada porque es un periodo en el cual tenemos que saber cuidarnos y respetarnos; pero ahora hablaremos de los otros dos.

La menopausia momento en el que puede aparecer atrofia e hipotonía de los tejidos de la zona genital, y, el que seguramente más nos interese actualmente, el embarazo en el cual encontramos una debilitación de estos tejidos a causa de varios factores como el incremento del peso intra-abdominal, la hiperlaxitud de los tejidos y la distensión de los tejidos por el paso del bebé en el momento del parto. 


Yo, como fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, recomiendo trabajar esta musculatura durante el embarazo para prevenir disfunciones a posteriori y llegar al momento del parto con un buen periné.

Los ejercicios de Kegel nos ayudarán a coger tono en estos músculos y con el masaje perineal conseguiremos darle la elasticidad necesaria. Lo recomendable es que alguien valore nuestro suelo pélvico y nos enseñe a realizarlos.

Al principio os he hablado de un "equipo de músculos" formado por el suelo pélvico, el abdomen, la columna lumbar y el diafragma. Por ello, la corrección postural y un buen trabajo de la zona abdominal con ejercicios apropiados, también nos ayudarán en esta etapa de nuestra vida.

No podemos olvidar que los fisioterapeutas especializados en suelo pélvico podemos ayudar a las mamás con UNA CORRECTA PREPARACIÓN FÍSICA EN SU EMBARAZO.

Y tú, ¿lo conocías? ¿Le prestas la atención que necesita?



domingo, 7 de mayo de 2017

Para las mejores madres del mundo

Agradecida después de un día intenso lleno de sorpresas y emociones, hoy reiteraría las mismas palabras que escribí el año pasado. Una a una, sin quitar ni añadir ninguna.

Cada día soy más consciente del regalo de la maternidad, del gran esfuerzo y sacrificio que supone, de la incapacidad que muchas veces sentimos, pero sobre todo del amor, ternura y compasión que hace desbordar en cada poro de nuestra piel. Cada uno de nuestros hijos es único e irrepetible, como el amor que cada uno de ellos despierta en nosotras. Cada uno se hace querer como es y por lo que es.

A pesar de nuestros límites y equivocaciones, todas nosotras somos las mejores madres para nuestros hijos. Lo importante es amarles incondicionalmente sin pretensión y caminar a su lado enseñándoles lo bella que es la vida.




jueves, 27 de abril de 2017

Estoy embarazada, ¿ahora qué?

¡¡Tranquilos!! ¡No estoy embarazada! Pero si tú que me lees lo estás:
¡Enhorabuena!

Pixabay
Cuando nos enteramos que estamos embarazadas, nos empezamos a hacer un montón de preguntas, sobre todo si es nuestro primer bebé.

¿De cuántas semanas estoy? ¿Cuándo voy a dar a luz? ¿Cuándo debo ir al ginecólogo? ¿Cuándo sabré si es niño o niña? ¿Cómo debo cuidarme?

Si estás embarazada del segundo, del tercero o ¡del cuarto!, seguro que te has dado cuenta, que las dudas vuelven a aparecer, vuelves a tener incertidumbres, no sabes si te vas a sentir capaz de volver a dar a luz, incluso te entra cierta congoja pensando si vas a querer igual  a este bebé como al primero. Y yo te digo, ¡claro que sí! Igual o mucho más. Las madres tenemos amor para todos los hijos que tengamos, porque cada uno es especial y se hace querer incondicionalmente.

Pero hoy no quiero daros este tipo de información, para la cual ya hay mucho escrito. Con este post quiero comenzar a acompañaros en esta preciosa etapa de vuestra vida que es la maternidad.

Si tienes un buen embarazo quizás todavía no te hagas a la idea que hay un bebé creciendo en tu interior, pero en ti ya se están produciendo muchísimos cambios.
Si tienes los malestares propios del embarazo, quizás estés pensando que no es tan maravilloso como te lo contaban. Es normal que el primer trimestre se presente algo molesto con náuseas, vómitos y mucho cansancio. Lo necesario es aceptar los cambios que se están produciendo en ti (por dentro y por fuera) y que también afectan a tus emociones. A veces te sentirás pletórica y llena de energía y otras, agotada y sin fuerzas. Es importante que disfrutes de esta maravillosa etapa y que te cuides para cuidar a tu bebé. Aunque tú todavía no le sientas, él siente todo lo que te sucede a ti. Y si tú no estás bien, él tampoco lo está.

Cuidar tu salud, tu alimentación, llevar un estilo de vida saludable, hacer ejercicio, seguir con tus hobbies y descansar cuando lo necesites (porque el embarazo da sueño, mucho sueño), siempre es recomendable, porque te hará sentir bien. Pero no podemos olvidar cuidar nuestra salud mental, porque nuestros estados de ánimo y emociones en estos momentos serán tan cambiantes como nuestras hormonas.

Pixabay
Conectarte con tu bebé, hablarle, acariciarle y comenzar a hacerle partícipe de tu vida y de las cosas que suceden a vuestro alrededor es fundamental y muy beneficioso para que comencéis a crear el vínculo entre vosotros y él se desarrolle de forma adecuada. La vida prenatal es fundamental para un desarrollo óptimo del bebé, tanto en el embarazo como cuando crezca y desarrolle su personalidad.

Pero durante el embarazo, el postparto es el gran olvidado; parece que no tenemos que pensar en él hasta que no llegue, sin embargo, también tenemos que estar preparadas para ese momento. Tras dar a luz, todas las madres al llegar a casa con nuestro bebé, nos sentimos desvalidas y solas ante el peligro; ya no tenemos cerca al personal sanitario para que acuda cuando le necesitamos. Y el postparto no se acaba con la cuarentena, sino que dura, por lo menos, el primer año de vida de nuestro bebé. Cuarenta días no son suficientes para recuperarnos de todos los cambios físicos, hormonales y emocionales que vivimos en el embarazo y el parto.

Ser consciente de lo que te espera en la maternidad es importante. Durante el embarazo puedes aprovechar a leer y buscar información sobre lo que te espera en el postparto, la lactancia, la crianza, el sueño.

Hablar con otras mamás embarazadas o que ya tengan hijos te permite compartir experiencias, dudas y emociones; pero ¡CUIDADO! hay un virus” que hace que muchas madres tiendan a desanimarte y a contarte sus malas experiencias. Sé educada y transmíteles que no escuchas consejos no solicitados. Malas experiencias hay muchas, pero la mayoría son buenas. Tienes que estar informada de los cambios que se van a producir en tu cuerpo y en tu bebé, de lo que sucede en un parto, de los problemas de lactancia y las noches sin dormir. Pero no busques información indiscriminadamente. Haz selección y busca fuentes fiables. Lee lo justo y lo que te ayude. Ya sabes que hay opiniones para todo y que ni siquiera nuestros embarazos y partos son todos iguales, así que no te agobies y vive tu propio embarazo y crianza día a día.

Rodéate de gente que te ayude en lo cotidiano y en tus necesidades concretas. Algunas mamás buscan ayuda de profesionales como doulas o asesoras de lactancia. Tener cerca alguien con experiencia y conocimientos específicos que te aporte tranquilidad, cercanía y confianza es de gran ayuda, sobre todo los primeros meses en los que pueden presentarse mayores dudas y dificultades.

Esta etapa no se repite muchas veces (o sí… ¿quién sabe?) por eso, 
¡DISFRUTA DE CADA MOMENTO! Déjate cuidar y mimar. 
¡Pronto tendrás un bebé precioso en tus brazos!

La maternidad es un viaje que acaba de comenzar y serás madre toda la vida.
¡Una madre maravillosa!



Algunos libros IMPRESCINDIBLES:
Amar con los brazos abiertos, Carmela Baeza
Un regalos para toda la vida, Carlos González
Bésame mucho, Carlos González
Dormir sin lágrimas, Rosa Jové


jueves, 23 de marzo de 2017

¿Puedo acompañar a mi hijo durante un tratamiento médico?

Tengo la suerte de que nunca les ha pasado nada realmente grave a mis hijos. Un par de brechas con puntos y dos pequeñas operaciones es lo más grave por lo que hemos tenido que pasar.
Tengo bastantes amigos que son médicos y enfermeras de distintas especialidades (empezando por mi hermana) y que son grandes personas y profesionales. Aprendes de ellos que los pacientes no somos una amigdalitis, una rodilla o un problema de riñón. Detrás de esa dolencia hay una persona con sentimientos, y hay que tratarla por lo que es, por su necesidad interior más allá de quitarle el dolor físico. A todos nos gusta que nos traten con respeto y delicadeza, especialmente cuando no nos sentimos bien.
Los niños también saben esto. También saben cuándo son bien tratados. Y si ver a un señor/a con bata, gorro y mascarilla impacta un poco, si esa persona enmascarada te trata bruscamente o te separa de tus padres no te genera ninguna confianza. No creéis que los niños se preguntarán: ¿Si vengo al médico para que me cure y me ayude por qué me hace daño y me trata mal?
Parece que los adultos ya estamos acostumbrados (por no decir anestesiados) ante este tipo de comportamientos, pero ¿cómo os sentiríais vosotros si dos hombres desconocidos bastante más grandes que vosotros os inmovilizaran para que una tercera persona os pinchara u os cosiera unos puntos sin anestesia? Yo seguro que gritaría y, si pudiera, saldría huyendo. Sin embargo, a los niños les obligamos a aguantar y les alentamos diciendo “tranquilo no pasa nada”. ¿De verdad os lo creéis cuando lo decís? Yo no. Y a mis hijos les han cosido así los puntos de las brechas. Demasiado brusco y violento, la verdad.
Si encima tenemos que ingresarles para realizarles alguna prueba, tratamiento o cirugía el sufrimiento es mucho mayor para los niños y para los padres porque en ocasiones tenemos que separarnos de ellos, con la excusa de que es lo mejor. ¿Lo mejor para quién?

¿Pensamos alguna vez qué sienten y piensan los niños? 
¿Les hemos preguntado alguna vez?

Hace una semana han operado a mi segundo hijo del frenillo lingual, una pequeña cirugía por la que no ha tenido que quedarse ingresado. Es una intervención muy sencilla y rápida, pero en la que es necesaria anestesia general. Lo cual implica realizar un preoperatorio y sufrir las consecuencias de la anestesia.

Yo quería estar a su lado todo el tiempo que fuera posible, porque si tenemos miedo los adultos cuando nos enfrentamos a una operación, ¿cómo no van a tener miedo los niños? En una situación así lo que todos necesitamos es tener cerca a alguien que nos quiera y nos dé seguridad, no vale que intente tranquilizarnos cualquiera.
Afortunadamente hemos podido estar con él hasta que ha entrado en quirófano, y mi hermana, que es enfermera, ha estado con él en el quirófano hasta que se durmió (una ventaja que no tienen la mayoría de las familias). Aunque, a mi parecer, a los niños se les debería poder anestesiar acompañados de uno de sus padres. Así se dormirían y se despertarían al lado de alguien conocido y sería lo menos traumático para ellos.
Una vez realizada la intervención, nos han informado los cirujanos y han dejado entrar a uno en reanimación. Mi hijo ya estaba despierto, dolorido y un poco asustado, pero que yo pudiera estar con él le tranquilizaba. Había una zona con cuentos y juguetes. Leímos varios cuentos y le di un pequeño regalo que teníamos para él por ser tan valiente hasta que nos llevaron a la zona del hospital de día, donde continúa la reanimación hasta que te puedes ir a casa.

Me alegró ver que dejaban pasar a una persona para acompañar a los niños, porque cuando despiertan llenos de dolor lo que quieren es poder tener cerca a mamá o papá para que les dé consuelo.


En los momentos más importantes para nuestros hijos, los padres tenemos el derecho y el deber de estar a su lado. Y el personal sanitario de dejarnos. Tenemos que estar de forma discreta, sin molestar y dejando a los médicos y enfermeras trabajar. Cada uno sabemos cómo somos, y si somos aprensivos y no podemos ver cómo intervienen a nuestros hijos (aunque sea una simple analítica o vacuna), debemos mandar a otra persona de la familia que sí pueda acompañarle en ese momento. Es cierto, que hay momentos críticos y casos aislados en los que no es posible nuestra presencia, pero la realidad es que la mayoría de las veces no hay una razón suficiente para que un niño tenga que ser separado de sus padres.


Os cuento esto para que sepáis que es posible estar al lado de vuestros hijos cuando les tengan que hacer pruebas médicas u operar, porque según los derechos del niño hospitalizado (redactados en la Carta Europea de los derechos del niño hospitalizado), el niño tiene el derecho a:
  • Estar acompañado de sus padres o de la persona que los sustituya el mayor tiempo posible durante su permanencia en el hospital, sin obstaculizar la aplicación de los tratamientos necesarios para el niño.
  • Ser tratado con tacto, educación y comprensión y a que se respete su intimidad.

Aunque todavía quedan muchos hospitales donde las UCIS tienen horarios de visitas restringidos y los padres no siempre son bienvenidos, las cosas están cambiando. Se ha aprendido a escuchar a los padres y con educación y respeto podemos pedir y conseguir quedarnos cerca de nuestros hijos, porque separarnos nunca es lo mejor, para nadie.
Los médicos tienen un papel fundamental y hay que dejarles hacer su trabajo, pero nadie como los padres, (ni el médico, ni el enfermero mejor del mundo), puede aportar a los niños el cariño, la seguridad y la tranquilidad que necesitan en esos momentos.

¿Cuál es vuestra experiencia? 
¿Os han dejado estar con vuestros hijos cuando les han realizado alguna prueba médica?

¡Déjanos tu comentario!














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