miércoles, 22 de febrero de 2017

¡HORROR! ¡Nos atacan los virus!

Quizás os habéis preguntado por qué llevo varias semanas sin escribir. Y es debido a que los virus atacan y contraatacan sin querer irse de nuestra casa. 
Yo ya sé que en nuestra casa se está muy bien. 
Pero virus: ¡NO SOIS BIENVENIDOS!


El blog ha cumplido un año y yo he cumplido 33 en pleno apogeo. Tres semanas en las que no ha quedado títere con cabeza y en las que mamá no acaba de salir para delante. Pero ¡los virus no podrán conmigo!

La semana de mi cumpleaños fue una semana agónica. Una amigdalitis tremenda que me afectó también al estómago, me dejó baldada. A la semana siguiente cayeron los 3 pequeños a la vez. ¿Pero no podían turnarse? NO. ¡Todos juntos mola más! Y yo, que no había conseguido recuperarme del todo, mientras ellos se mejoraban, yo he vuelto a caer. Y aquí estoy una semana después, tomando antibiótico por segunda vez.

Yo que siempre digo que tengo suerte porque casi no me pongo mala… Esta vez no ha habido compasión. No sé qué pasa en vuestras familias cuando mamá cae enferma, pero en la mía, si mamá está mala, siento deciros, la casa se desmorona. Mi marido se esfuerza mucho y hace todo lo que haga falta (a su manera, claro, pero lo importante es que las cosas estén hechas, ¿no?). Pero por mucho que papá se esfuerce y nos ayude, a él no le dan la baja porque mamá esté enferma. Yo no he necesitado baja porque no trabajo fuera de casa; pero aunque a nosotras las madres, nos den la baja por enfermedad, si estamos en casa queremos seguir ocupándonos de un montón de cosas. Bueno, ocuparnos a lo mejor no podemos, pero no nos podemos quitar de la cabeza todas las cosas que están pendientes por hacer.

¿Sabéis lo que es ABANDONARSE? No me refiero a abandonarse diciendo “no puedo más, lo dejo todo como esté y que le den”. NO. Abandonarse como sinónimo de CONFIARSE. Confiar en otro. Confiar en los que quieres. Confiar en que las cosas suceden por algo (bueno). Confiar en que tú no puedes hacer nada frente a tu enfermedad, nada más que cuidarte y dejarte cuidar. 

Yo he tenido que experimentarlo en este mundo exigente y frenético, donde la vida no para y parece que tú no puedes parar y tienes que ser capaz de llegar a las miles de cosas que tienes que hacer y las múltiples responsabilidades que caen sobre ti. Lo experimenté en mi tercer embarazo en el que el sillón me abducía y era incapaz de levantarme del cansancio que tenía; y lo he experimentado estas dos semanas de enfermedad propia y compartida. Y tengo que deciros que cuesta. Cuesta mucho (por lo menos a mí). Cuesta “perder el control” cuando eres exigente y perfeccionista, cuesta dejar que el otro haga las cosas a su manera, cuesta no llegar a todo. Cuesta sentirse poca cosa.

Pero tengo que deciros que he estado contenta. Contenta y agradecida. Simplemente porque estaba (y podía no estar). Porque hay otros que sufren más que yo. Porque me he sentido querida y he sido capaz de ver los regalos que me hacían cada día, esos pequeños detalles que muchas veces no vemos porque damos por descontado. Porque tengo mucha gente que me quiere y que está a mi lado cuando les necesito.

He aprendido que:
no soy imprescindible (aunque me gustaría)
a dejarme querer (que me encanta)
a querer por lo que uno es (frágil y poca cosa, pero lleno de amor para dar)
a disfrutar de las mañanas en la cama (aunque sea sudando la fiebre)
a disfrutar siestas en el sillón abrazada de tu pequeño que lo único que necesita para sentirse bien es el regazo de mamá (aunque tú quisieras dejarle en cuanto se duerme para seguir haciendo esas miles de cosas que siguen pendientes).


He aprendido (aunque tengo que seguir aprendiéndolo) a disfrutar del momento presente, y no de estar más pendiente de lo que viene después. Porque hay que abandonarse cada día a lo que nos toca vivir, sin renunciar a nuestros sueños y a nuestros proyectos, pero estando confiados de lo que sucede hoy. Confiar en que la vida tiene algo bueno para nosotros, aunque en ese momento no lo veamos nada claro y no lo entendamos. Porque cuando las cosas van bien, todo es perfecto. Pero cuando las cosas no salen como tenemos planeadas, tampoco puede ser todo horrible. Quizás nos espere algo mejor, o tengamos que aprender algo. ¿No creéis?

Sólo queda CONFIAR, tener paciencia y mucho AMOR.



martes, 7 de febrero de 2017

¿Queréis descubrir nuestra nueva sección?

¡Hoy estoy de cumpleaños! 

Y el mejor regalo es poder disfrutar de un año más de vida junto a mi familia y las personas a las que quiero. Un año para seguir viviendo intensamente, disfrutar de cada pequeña cosa y de cada nuevo acontecimiento.

Para celebrarlo iniciamos NUEVA SECCIÓN: TESTIMONIOS de mamás y papás, en primera persona y como familia, sobre cómo han vivido el embarazo y/o el parto, cómo viven su maternidad o su paternidad, cómo hacen para criar y educar una familia numerosa, cómo vivir la adopción o la acogida...
También podéis escribirnos los abuelos, seguro que también tenéis mucho que aportar.

Compartir nuestras experiencias y aprendizajes es lo más importante que podemos hacer para ayudar a otras personas. 

Esta sección no es posible sin vuestra colaboración. Por eso, escríbenos a caminare.portacta@gmail.com y estaremos encantados de publicar tu testimonio.

Para iniciar esta sección quiero compartir con vosotros el testimonio de Mónica sobre cómo ha vivido ella la llegada de cada uno de sus 3 hijos, cómo fue cambiando su manera de ver la maternidad y qué le ayudó a afrontar las dificultades. ¡Gracias Mónica!

"La verdad es que yo nunca había pensado en ser madre, hasta que me llegó, claro.
La mayoría de mis amigas desde niñas habían tenido el deseo de ser madres, como un “sentimiento maternal” muy arraigado; sin embargo yo no tengo conciencia de ello.
Cuando conocí a mi marido, y me enamoré, él tenía muy claro que quería tener hijos, y a mí me empezó a entrar el “sentimiento maternal”. Nos casamos y me quedé embarazada de mi primer hijo, y fue una sensación ¡tan bonita!, ¡estaba tan feliz!, ¡me encontraba tan bien!. Yo siempre digo que mi estado ideal es el embarazo, porque me siento mejor que nunca.
Pero nació Guillermo y me calló como una losa el peso de la responsabilidad. Sentir que ese niño tan pequeñito e indefenso dependía por entero de mí, me superó. No me sentía capaz de criarlo. A pesar de todo el apoyo de mi marido y de mi familia me sentía muy triste por mi niño, pensaba que había tenido muy mala suerte de tener una madre tan desastrosa como yo, ni siquiera conseguía darle de mamar. Durante el embarazo había hecho un curso de lactancia, y la doctora que lo impartía, Kika Baeza de Raíces, me ayudó un montón con eso. Me sentí muy acompañada por ella y enseguida conseguimos que el niño mamase bien. Aun así continuaba sintiéndome muy torpe y anímicamente muy baja. 
Entonces un amigo que vino a vernos para conocer a Guillermo, me dijo que yo era la mejor madre que mi hijo podía tener porque yo era su madre. Con esas palabras mi mente se desbloqueó y empecé a disfrutar de ese regalo tan inmenso que se me había dado.
Cuando Guillermo tenía dos años nació Iria y dos años más tarde Sonia. A las dos las disfruté desde el principio; siempre teniendo muy presente las palabras que me dijo mi amigo, y la compañía que tanto me ayudó con la lactancia.
Me siento una persona tan afortunada por esos tres regalos ¡tan hermosos!. Es tan desproporcionado que cuando lo pienso me abruma.




No sé si les pasa a todas las madres, pero yo aprendo a ser madre todos los días, día a día con ellos que son los que me enseñan.
La crianza de los hijos es una tarea larga que requiere mucho esfuerzo. Sin embargo, a pesar del esfuerzo, también económico, que supone tener tres hijos; yo pienso que para muchas cosas es más fácil. Mis hijos necesitan, o al menos reclaman, menos cosas materiales que los hijos únicos de algunos amigos. También son más pacientes y más generosos.


Y continuamos paso a paso con la aventura tan maravillosa de la educación y la crianza".




domingo, 5 de febrero de 2017

Cumplimos 1 año lleno de nuevos proyectos

Hoy hace un año que comencé esta nueva etapa de mi camino. 
Hoy hace un año de mi primer post
Ahora tengo un pedazo de mi vida, de lo que soy, en CAMINARÉ


Hoy puedo deciros que tengo más ilusión y más ganas que cuando empecé. Hemos ido creciendo y poco a poco ha ido creando forma, han surgido nuevos proyectos y relaciones y se presenta un año lleno de nuevas ideas, propuestas y colaboraciones. 

¿Queréis saber que se cuece?
*Ampliar el blog con nuevas secciones y colaboraciones.
*Crear un Grupo de Crianza en la zona norte de Madrid (si te interesa y quieres saber más escríbeme a caminare.portalacta@gmail.com)
*Seguir colaborando en el Proyecto Miriam dando talleres y acompañando a las madres en su maternidad y en la crianza de sus hijos.
*Participar una vez al mes en el Programa Viva la Educación de Radio Internacional.
*Colaborar con Portéame y Mil y Una Crianzas.


¿Quién sabe qué nos deparará? Me dejo sorprender.



Hoy especialmente quiero daros las GRACIAS por vuestros "me gusta" y por seguir lo que escribo y haber superado las 9.000 visitas; porque un blog no tiene vida sin seguidores ni comentarios.
Y sobre todo quiero daros las GRACIAS por vuestro apoyo y vuestro cariño.  Porque no podemos caminar solos en la vida.

¡Sin vosotros no sería posible!
 ¡¡GRACIAS!!