miércoles, 27 de diciembre de 2017

Propósitos para el año nuevo

El año nuevo se acerca y cada fin de año es momento de reflexionar y hacer balance del año que termina: las cosas que nos han sucedido (esperadas o inesperadas, buenas o no tan buenas), lo que he aprendido, lo que debo mejorar, los propósitos conseguidos y los que siguen pendientes.

¿Qué he aprendido de lo que me ha sucedido?

Y para el nuevo año tenemos deseos (¡¡nunca dejes de desear!!) y propósitos (propósitos nuevos y propósitos en proceso).

Lo que debemos hacer es cumplir aquellos que realmente nos hacen estar mejor con nosotros mismos, que son buenos para nosotros, que nos hacen mejores personas y que cuando nos benefician, nuestro bienestar repercute en la gente que nos quiere y en los que nos rodean.

Céntrate en los propósitos que hablan de lo que deseas de verdad y de lo que realmente te hace feliz.

Lista propósitos Año Nuevo

Mi año ha tenido propósitos cumplidos, proyectos inesperados, cosas buenas y otras no tanto, pero me quedo con todas ellas, porque de todas he podido aprender algo, son parte de mi camino y van conformando quién soy. 

Yo quiero desearte que, sea cual sea el camino que tengas que recorrer este nuevo año, esté lleno de deseos y lleno de gente con la que compartirlos.

¡¡Feliz 2018 lleno de felicidad!!


¿Cuáles son tus propósitos para este nuevo año?

Comparte tus deseos y haznos parte de ellos. 
El blog se nutre de tus comentarios.

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lunes, 4 de diciembre de 2017

Lactancia, acto sagrado

Hoy retomo la sección de Breastfeeding Art con un vídeo que me ha compartido una amiga. 
Porque la lactancia es un acto inmenso de amor y un acto sagrado, como indica el título del vídeo, porque hasta la misma Virgen María amamantó a Jesús.

¡Qué lo disfrutéis ahora que se acerca la Navidad!




martes, 7 de noviembre de 2017

¿Será mi hijo hiperactivo?

Seguro que te has hecho esta pregunta mil veces.
El niño no para, no se entretiene con nada, es imposible que haga los deberes, se despista con una mosca volando….

¿Has pensado en mirarle la vista?
Sí, en mirarle la vista.

Los niños pequeños se caracterizan por su vivacidad y por tener que estar en constante movimiento. Pero en muchas ocasiones un problema de visión puede dar un comportamiento inquieto y despistado.

Mi hijo pequeño es muy vivo, le encanta jugar y moverse y, además, es el pequeño de 3 hermanos. Su forma de ser y todo lo que aprende de sus “pequeños maestros”, le hace no parar. Sin embargo, a partir de que tenía 2 años y medio nos dimos cuenta de que comenzaba a torcer un ojo. Éste fue un indicativo claro y evidente para comenzar a observarle y llevarle a un especialista de la vista para que le realizara un examen visual.

Pero ¿y si los síntomas que nuestr@ hij@ manifiesta no los relacionamos con un problema de visión?

Es posible que si nuestro hijo es un niño muy movido y le cuesta concentrarse en lo que hace, pensemos que es hiperactivo o tenga un problema de déficit de atención, que es lo que ahora está de moda diagnosticar. O quizás no le demos importancia, porque pensamos que nuestro hijo es inquieto porque es así, es su carácter o simplemente ¡porque es un niño!

El problema es que ¡¡¡ellos no saben decir que no ven!!!

Simplemente es su forma de protestar. Si tú me mandas hacer un trabajo que no puedo hacer, trataré de evitarlo y llamaré tu atención de la única manera que sé, no estando quieto. Me levantaré, abriré los cajones, te quitaré una galleta, me subiré al sillón….

Visión-infantil


Por eso, hoy he querido hacer una pequeña entrevista a Yolanda Piñero Martínez, graduada en óptica y optometría y directora técnica de Federópticos Centro Óptico Piñero.


¿A partir de qué edad se recomienda hacer un examen visual a los niños?
Aunque se puede hacer un examen visual a los niños de cualquier edad, es imprescindible revisar el estado de su visión cuando empiezan el colegio ya que 1 de cada 3 fracasos escolares es debido a un problema de visión.
Antes de esa edad se les debe hacer un examen ocular para descartar grandes graduaciones, ojo vago e incluso algunas patologías.
Cuando empiezan el colegio se trata de evaluar el estado de su visión, es decir, que el sistema visual se esté desarrollando con normalidad para poder afrontar el esfuerzo que supone la etapa que comienzan.

¿Cómo podemos detectar y darnos cuenta de que nuestro hijo ve mal?
Cuando un niño no ve bien de cerca puede ser por varias causas.
Puede tener una hipermetropía, astigmatismo, un problema acomodativo o de convergencia. En todas estas ocasiones el resultado será una mala visión próxima que se traduce en que no se puede mantener un trabajo prolongado en cerca. El niño se cansa, empieza a ver borroso o incluso doble.
Existen muchos síntomas. Los más comunes son dolor de cabeza, picor de ojos, ojos rojos cuando hacen tareas de cerca, los ojos le lloran, guiñar los ojos después de leer o ver la tele, girar la cabeza para leer o escribir, y les puede molestar mucho la luz del sol.
Pero también podemos observar si leen con fluidez, si siguen la línea con el dedo, si se comen letras, palabras o se saltan de línea cuando leen.
Suele ser frecuente que intenten evitar las tareas en cerca, no les gusta estudiar, ni leer, y están continuamente distrayéndose. Su caligrafía es mala, comienzan haciendo la letra uniforme y de un tamaño más pequeño, para acabar haciendo la letra grande y desaliñada. 
A veces se confunde con otras patologías más graves y es un simple problema de visión.

¿A qué profesional debemos acudir para que valore la visión de nuestro hijo?
El profesional en atención visual primaria es el optometrista. Él hará un examen visual completo para ver que la visión se está desarrollando de manera correcta. En este examen se puede detectar posibles patologías que entonces deben ser evaluadas y tratadas por el oftalmólogo. Nuestro optometrista nos indicará si es necesario acudir al oftalmólogo o no.

¿En qué se diferencia un oftalmólogo de un optometrista?
El oftalmólogo es el especialista en detectar patologías del sistema visual y poner el tratamiento necesario. Es decir, se encarga de las enfermedades de los ojos.
El optometrista es el especialista encargado de evaluar la visión, es decir, que las imágenes se forman de manera correcta en la retina y que el cerebro sabe trabajar correctamente con esas imágenes. Se encarga de detectar defectos como la miopía, hipermetropía o el astigmatismo
También evalúa el rendimiento y las capacidades del sistema visual para mantener una visión prolongada en distancia lejana o cercana, las habilidades ojo-mano muy importantes para el estudio y la coordinación de los ojos para desarrollar visión espacial.

Caminaré


Por eso, ya sabes, si tu hijo no para, no es capaz de entretenerse con nada, o no se concentra al estudiar hazle una revisión de la vista. Puede tener un problema visual que le impida ver bien y hacer sus tareas.


¿Habías pensado alguna vez en esto?


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viernes, 27 de octubre de 2017

Es mejor APRENDER JUGANDO

Como ya sabéis mi hijo mediano ha comenzado primaria y este año ya tiene deberes. La carga de trabajo es mínima: leer 10 minutos todos los días (¡que le encanta!) y hacer alguna cuenta, copia o escribir algunas palabras. Pero también han comenzado a estudiar inglés y science y, aunque todavía no tienen que ser capaces de escribir el vocabulario, deben identificarlo y aprenderlo. Y estudiar inglés a veces cuesta y no es inmediato, ni siquiera para los padres.

Yo soy una persona bastante creativa y en nuestra casa nos gusta disfrutar con lo que hacemos (aunque no siempre lo conseguimos) y para estudiar intentamos ofrecerles recursos para que aprendan de forma divertida y experimental. Mi marido y yo somos de la opinión de que es mejor aprender jugando. Porque aprender de memoria es aburrido y, salvo excepciones y cuando no queda más remedio, acabamos aprendiéndolo para el examen y luego lo olvidamos.
Sin embargo, si lo que estudiamos lo comprendemos, lo manipulamos, lo experimentamos, es un aprendizaje para toda la vida.

Por eso, hoy quiero contaros lo que hacemos en nuestra casa para estudiar con los niños de forma atractiva.

Para muchas familias el recurso por excelencia es Internet. En Internet podemos encontrar todo lo que necesitamos, un montón de juegos, aplicaciones y webs que ofrecen estupendos recursos de educación. A los niños les encanta y a priori les motiva, porque les ofrece gratificaciones de puntos, avance de niveles y permanentemente les dicen lo bien que lo están haciendo.
Sin embargo, en nuestra casa es un recurso que usamos muy excepcionalmente con nuestro hijo mayor y con materiales muy específicos. En nuestra casa no les ofrecermos pantallas a los niños. Nuestros hijos no usan el móvil, ni el ordenador, no tenemos tablet y la televisión entre semana casi ni la ven y cuando la ven durante un tiempo limitado y contenidos específicos a su edad. Intentamos elegir y cuidar las cosas que ven nuestros hijos y, como nos encanta el cine, siempre les proponemos ver pelis con las que todos aprendamos algo. Seguramente os parezcamos de otro planeta viviendo en la era digital, pero estamos convencidos que no les aporta nada, aunque para que estén tranquilos (más bien hipnotizados) y no molesten es muy cómodo "enchufarles" a la pantalla, sea la que sea. (En otro post intentaré hablar sobre ello, mientras tanto os recomiendo el libro de Catherine L´Ecuyer “Educar en la realidad”).

A los niños les resulta más estimulante aprender tocando y manipulando las cosas reales, sintiendo los olores y los sabores de las cosas y viendo las cosas de verdad en vez de estando delante de una pantalla.

Entonces, ¿cómo hacemos? Les ofrecemos momentos de juego libre y permitimos su aburrimiento para que desarrollen su imaginación y creatividad, les ponemos a su disposición materiales y juegos que puedan manipular, y mucha naturaleza.

Si hay que estudiar cosas más específicas les intentamos enseñar con experimentos caseros sencillos, les llevamos a conocer en algún museo relacionado con lo que aprenden en clase o 


¡Nos inventamos juegos!

También decir que en el mercado hay muchos juegos educativos que nos permiten estudiar y trabajar ciertos conceptos con los niños, pero son costosos y no todas las familias pueden permitirse comprarlos. Sin embargo, si los juegos los elaboramos nosotros en casa, podemos hacer partícipes a los niños en su elaboración mientras están entretenidos haciendo una manualidad y aprenden los conceptos o vocabulario a medida que van elaborando el material del juego (hacen los dibujos, escriben las palabras, lo importante no es que quede perfecto, sino que sea de ellos).

Un recurso que utilizo mucho y que da “mucho juego” es hacer TARJETITAS.
Por ejemplo, si estudiamos los colores, realizamos una tarjeta de cada color. Si no saben leer les decimos el color y nos tienen que dar la tarjeta correspondiente o podemos buscar objetos de cada color a modo de gymkhana. Si saben leer hacemos una tarjeta con el nombre (en español, en inglés o en ambos idiomas) y tienen que emparejarlas o podemos jugar como si fuera un memory.

Este juego de tarjetas se puede hacer para aprender formas geométricas, números, vocales o vocabulario en inglés y hacer el dibujo o poner una foto de la palabra correspondiente.
Juegos educativos

Si lo que tienen que practicar son las series podemos hacer dibujitos y el pequeño debe dibujar a continuación la serie para favorecer su grafomotricidad o podemos usar pegatinas, ¡que les encantan!.

Un juego que les ha encantado es una especie de "búsqueda de tesoro". También lo uso para hacer cuentas.
Haces tarjetitas con lo que quieras trabajar y las escondes pegadas por toda la casa. Ellos tienen que encontrarlas. Puedes usar distintas variantes. Que las encuentren todas y que cuando nos las entreguen nos digan lo que es o pedirles que busquen una tarjeta en concreto.

Para las cuentas podemos pegar en la pared o en un armario las sumas o las restas (con números o con dibujos de las cantidades) y los niños tienen que buscar los números de los resultados y colocarlos en la que corresponda.

Ahora hemos comenzado a estudiar las partes del cuerpo humano en inglés, para ello he dibujado en grande el cuerpo de un niño y mi hijo tenía que colocar notas adhesivas con el nombre en el lugar correspondiente. Para ello, tenía un tiempo determinado a modo de concurso y si se le acababa el tiempo poseía el “comodín de mamá”, “el comodín de papá” y el “comodín de P” y el “comodín de M”. Papá, Mamá y “P” le ayudaban a colocar la tarjeta que eligiera de las que le quedaban, y “M” le traía la hoja con el vocabulario y tenía unos segundos para buscar las palabras que le faltaban.
Con esto le ayudamos a fijarse en cómo se escriben las palabras para que cuando tenga que leerlas por escrito o ser capaz de escribirlas vaya diferenciándolas y reconociéndolas.



También en este cuerpo humano podemos hacer los dibujos de los órganos o huesos del cuerpo humano y tienen que colocarlos en el lugar correspondiente.

Evidentemente estudiar así con ellos es más trabajo para los padres y no siempre disponemos de mucho tiempo, pero creo que merece la pena porque aprenden, se divierten y pasamos un rato en familia en el que hasta los más pequeños, que a veces les dejamos de lado para ayudar a los mayores con los deberes, pueden participar. Y lo bueno es que este material te sirve para otras veces.

¿A vosotros qué ideas se os ocurren?
¿Habíais pensado alguna vez estudiar de esta manera?

¡Creatividad al Poder!


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jueves, 19 de octubre de 2017

Extraescolares: el arte de saber elegir

Con la vuelta al cole, las actividades EXTRAESCOLARES era otro tema pendiente a tratar en el blog. Aunque ya octubre está encaminado y las clases por la tarde y las extraescolares han comenzado, no quiero dejar de ofreceros mi humilde punto de vista.


Extraescolares
Retocada de Freepick
Me parece un tema difícil de abordar sin herir sensibilidades. Viendo a los niños de hoy en día, me resulta espeluznante el estrés y las obligaciones a las que les sometemos desde tan pequeños. La mayoría de nosotros en nuestra época escolar hemos realizado alguna actividad extraescolar, pero actualmente parece que tener que realizar estas actividades es una obligación desde muy pequeños. ¿Por qué? 


¿Apuntándoles a más extraescolares, a cuál más extraña y singular, les vamos a dejar mejor porvenir? 
¿Les van a hacer más listos y capaces para desarrollar su intelecto en el futuro? 
¿O simplemente nuestro horario laboral es tan extenso que hay que cubrir nuestra ausencia apuntando a nuestro hijo a este tipo de actividades?

A mí es un tema que, cada vez que me lo planteo, me causa cierto malestar. Por un lado me parece fenomenal que alguno de mis hijos quiera y elija hacer una extraescolar. Por otra, me parece que este tema a los padres se nos va de las manos. Con 3 hijos apuntados a extraescolares la gestión familiar y cuadrar los horarios de todos es misión imposible (y eso que yo no trabajo fuera de casa y conduzco, lo cual facilita mucho las cosas). Además el tema económico es importante, no hay familia media que lo resista. Sin embargo, creo que no son los puntos más importantes, porque si es bueno, útil y necesario se hacen los sacrificios que hagan falta


Pero… 
¿Es realmente necesario que los niños realicen alguna actividad extraescolar?
¿Y si una familia no puede apuntar a su hijo a idiomas o a robótica? 
¿Ese niño se va a quedar atrás y va a estar menos capacitado? No sería justo.

Debemos hacernos algunas preguntas fundamentales antes de apuntar a nuestros hijos a actividades extraescolares:
  • ¿Cuál es el criterio para elegir una actividad extraescolar?
  • ¿Las eligen los niños o las elegimos los padres?
  • ¿Cuántas actividades extraescolares debe realizar un niño?
  • ¿Es necesario aprender un idioma, tocar un instrumento, practicar un deporte y etcétera, etcétera, etcétera?
  • ¿Debemos elegir las extraescolares por gusto (es algo que le encanta, le apasiona y tiene cualidades para ello), por obligación (“para ser alguien en la vida debes saber varios idiomas”) o por necesidad (mi hij@ tiene dificultades en esta materia y necesita reforzarla o es que tenemos que tenerle ocupado mientras nosotros trabajamos)?

Lo primero que me parece importante es que deben elegir las extraescolares en función de sus gustos, aficiones, intereses, capacidades... y hasta que inician la primaria son muy pequeños para decidir eso. Hay niños que ¡todo les encanta!
Cuando el niñ@ sea capaz de elegir aquello que le gusta, la motivación, el esfuerzo realizado, el provecho y el disfrute de esa actividad será mucho mayor. Si les obligamos a tocar un instrumento y nuestr@ hij@ no tiene habilidades musicales será un fracaso y se sentirá frustrado, por tanto, no le estaremos ayudando ni desarrollará sus capacidades. A lo mejor nuestro hijo quiere realizar una extraescolar y no lo tiene claro. Quizás, nosotros que les conocemos mejor, podamos ayudarles y orientarle en su elección, pero si una vez que ha probado esa actividad no le gusta o no es lo que esperaba deberíamos plantearnos si realmente debe continuar con esa actividad.

Lo segundo es que acaban siendo pequeños adultos con jornadas largas e intensas en las que no tienen tiempo de descansar. Viven, y vivimos, estresados. ¡Tan pequeños no! Hasta no hace demasiados años los niños no eran escolarizados hasta los 5 años y la mayoría de ellos volvían a comer a casa. Ahora son pocos los niños que con un año están sin escolarizar y no se quedan al comedor. Pasan largas jornadas fuera de casa, casi más largas que las de los adultos. Los niños necesitan estar con sus padres y  tiempo para el juego libre, el esparcimiento y el aburrimiento. El juego libre está menospreciado, pero es altamente valioso para que afiancen sus aprendizajes (como podíais leer en mi post sobre los DEBERES). Además, a medida que se hacen mayores, necesitan tener tiempo para realizar los deberes y estudiar. Y si no disponen del tiempo adecuado, alargarán su jornada y dormirán menos horas, en detrimento de su descanso, siendo muy necesarias las horas de sueño para afianzar los conocimientos adquiridos a lo largo del día.
Agendas completas. Poco tiempo libre. Horarios familiares difíciles de cuadrar impidiendo la gestión familiar y la conciliación. “Pequeños adultos” estresados. Y adultos más estresados por cargar con su estrés y el de sus hijos.

Mis dos hijos mayores tendrán este año por primera vez extraescolares. Ya están en primaria y han decidido hacer fútbol con sus amigos del cole. Seguramente no serán futbolistas profesionales, pero realizando esta actividad van a disfrutar, a afianzar relaciones y van a “descansar” de la jornada escolar. Quizás sólo es fútbol, deporte al que la mayoría de los niños españoles juegan, pero es un deporte, y el deporte fomenta muchas capacidades y habilidades.

Yo lo que quiero es que disfruten con las cosas que hagan y si son actividades que realizan en su tiempo libre más. Porque el tiempo libre es el tiempo que tenemos para gastar en las cosas que son importantes para nosotros.


¿Tus hij@s realizan alguna extraescolar?
¿Cómo vives este tema?


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lunes, 9 de octubre de 2017

¿Cómo afrontar la RABIETA de mi hijo?

Hoy voy a hablaros de las rabietas, otro tema que, junto con el de los límites, que tratamos antes del verano, nos preocupa mucho a los padres.

¿Quién no ha visto a un niño pequeño montar el espectáculo en la calle o en el supermercado, gritando, tirado por el suelo o hasta pegando a sus padres porque no conseguía lo que quería? 

Seguro que no sólo lo has visto, sino que lo has sufrido más de una vez. Sin ir más lejos mi hijo pequeño ha tenido una (o varias) este fin de semana.

Las rabietas son una etapa normal y necesaria en el desarrollo de los niños; pero no todos las tienen con la misma intensidad, ni les duran lo mismo, ni les ocurren con la misma frecuencia.

Caminaré
He de decir que mis hijos no han tenido nunca muchas rabietas, aunque a veces han llegado a canalizar su frustración rompiendo cosas….

Pensando en la rabieta que hemos sufrido este fin de semana, me he dado cuenta de lo difícil que es, a veces, llegar a comprender el comportamiento de nuestros pequeños. 
¿Cómo es posible que sólo porque él quería echarse la bebida en su vaso se ponga de esa manera?
La situación fue así. Le echamos la bebida suficiente para que pudiera beber sin que se le cayera, pues un niño pequeño sentado en una silla normal suele quedar bastante bajo respecto a la mesa en la que come y si el vaso del que tiene que beber es de tubo la cosa se complica. Tiene que ser capaz de llegar a cogerlo y sacarlo fuera de la mesa para poder beber cómodamente. Aun así, habiéndoselo explicado, él quiso seguir rellenando el vaso de tubo y se le derramó. Le regañamos porque ya le habíamos advertido varias veces y no hacía caso. Por una parte está fenomenal su autonomía y capacidad para poder echarse él solo la bebida. Pero por otra, no era el momento adecuado (porque no estábamos en casa) para practicar estas habilidades. Se enfadó, se levantó y se fue a llorar tirado en el suelo. Sé que en otros momentos no le sienta tan mal, sus enfados son menos dramáticos, comprende las indicaciones y las lleva a cabo. Esta vez se juntaba con que llevaba varios días no sintiéndose muy bien, comiendo poco y con cansancio, lo cual pudo ser el detonante de su rabieta. Lo que os quiero decir con esto es que hay muchos factores a tener en cuenta de los que muchas veces no somos conscientes. Nosotros también somos más propensos a enfadarnos y a tener menos paciencia cuando estamos cansados, nos sentimos mal o hemos tenido un mal día en el trabajo.
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Freepick
Una rabieta es el deseo de un niño enfrentado al deseo de sus padres o de un adulto. Como el niño tiene unas ideas y unas razones muy importantes para él y como no entiende qué pasa, se ofusca y estalla emocionalmente.

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Pixabay
Las rabietas comienzan hacia los 18 meses cuando adquieren mayor autonomía, empiezan a descubrir que son seres independientes. Es la “época del NO”. Digas lo que digas a todo van a decir NO. Solamente está aprendiendo que puede tener sus propias ideas y deseos diferentes de los nuestros. Hasta 2-3 años no son capaces de expresar con palabras lo que les pasa y cómo se sienten y no tienen más herramientas para defenderse que el llanto y la agresividad. (Si quieres más información puedes leer mi post sobre ¿Cómo  pongo límites a mi hijo? Y lo que podemos esperar de los niños en cada etapa evolutiva).


Cómo ayudar a tu hijo a gestionar sus rabietas


Cuando nuestro hijo tiene una rabieta, ¿qué debemos hacer?

Seguro que lo has intentado todo: no hacerle caso, no ceder, consolarlo, hacerle comprender y razonar con él los días que has tenido más tiempo y más paciencia, los días que estás cansada le habrás dado un grito porque no puedes más, otros habrás tirado del carro porque tiene que dar tiempo a llegar a hacer la siguiente cosa del día… Pero seguro que la mayoría de las veces te desborda tanto la situación que tú también estallas.

Pero estoy segura de que eres consciente y sabes que hay cosas que funcionan mejor que otras y que influye cómo tú manejas la situación.

Cuando nuestros hijos tienen una rabieta es porque tienen dificultades para dominar sus emociones y no son capaces de controlar su frustración. Esta es la labor en la que tenemos que ayudarles.

Cuando les ignoramos, les mandamos a su cuarto o les castigamos sin más no les estamos ayudando a aprender a resolver esa situación en la que se encuentra. Y si nosotros ante estas situaciones perdemos siempre la calma y nos ponemos a gritarles tampoco les ayudamos, nos estamos poniendo en la misma actitud que ellos. 


¿Cómo les vamos a ayudar a controlarse si nosotros no somos capaces?

No debemos precipitarnos a resolver su enfado dándoles lo que quieren porque no les estamos ofreciendo las herramientas que necesitan para tolerar la frustración y la decepción. 

El aprendizaje que un niño hace de las rabietas, si está bien acompañado, es empezar a darse cuenta de lo que siente, ponerle nombre, aprender estrategias para gestionar sus sentimientos de enfado y frustración y ver qué estrategias funcionan bien para él. 

En el post sobre “Cómo gestionar los sentimientos negativos” os daba algunas herramientas para gestionar nuestro enfado y el de los pequeños. Aquí os vuelvo a compartir una tabla con ideas de qué es mejor hacer y que no hacer en estas ocasiones.

RABIETAS
SI
NO
Reconoce sus sentimientos.
Hazle saber que entiendes su frustración y enfado utilizando la empatía. Le ayuda a sentirse comprendido y a comprenderse a sí mismo.
NO te tomes la rabieta como algo personal.
Su enfado no es contra ti (aunque te diga que es por tu culpa),
ni su enfado es tuyo (no intentes solucionarlo tú).
Explícale el porqué de tu negativa.
El problema no suele estar en que el niñ@ no entienda la situación, sino en su dificultad para dominar sus emociones.
Sin embargo, a veces funciona volver a explicarle los motivos, siendo la manera más rápida y tranquila de solucionar el enfado.
NO pierdas el control ni te enfades con tu hijo.
Enfadarte sólo va a asustar o violentar más al niño haciendo que su frustración aumente y la rabieta empeore. Transmite tu calma al niño. Saber que el problema lo tiene el niño y no nosotros suele ayudar a los padres a tomarse las cosas con más calma.
Ofrécele otras opciones.
Le hará salir de su obstinación y cabezonería.
NO atosigues al niño y le pidas que se calme una y otra vez.
Si sigue muy enfurruñado posiblemente necesite más tiempo.
Quédate cerca de él. No le ignores.
Debemos estar presentes, cerca suyo para que sepa que estamos a su lado y que nos importa cómo se siente. Normalmente rechazan el contacto físico, pero quédate lo más cerca de él que te permita.
Si te deja, acaríciale o tómale en brazos cuando esté algo más calmado.
A veces los niños enrabietados piden que sus padres les tomen en brazos y sus padres les niegan el abrazo pensando que no se lo merecen. Sin embargo, el abrazo es una petición de socorro para intentar unir los cables que la rabieta ha cortocircuitado, y dar un abrazo, si el niño lo pide o se deja es tremendamente útil.

NO agarres o sujetes al niño.

Los gritos y las pataletas son la manera natural que tiene el cerebro del niño de descargar la tensión emocional y calmarse. Si intentas sujetarle estarás impidiendo el mecanismo natural de descarga y sólo conseguirás que el niño se frustre y enfurezca más.

Déjale espacio y tiempo para que se calme y exprese libremente.
NO le hagas pasar vergüenza, no le menosprecies, ridiculices ni le compares.

Pon los límites que sean necesarios a la situación.

Hay cosas que nunca debemos consentirles en ninguna situación como pegar, tirar objetos o romperlos. En estas circunstancias debemos contenerlos.
NO le castigues.
A veces la mejor manera de solucionar las cosas no son los castigos. Lo único que nuestro hijo está haciendo mal es expresar cómo se siente y no se va a sentir mejor si se siente incomprendido y castigado. Si realmente al manifestar su frustración ha roto algo o pegado a alguien, cosa que no se puede consentir, la mejor opción es que limpie, recoja o arregle lo roto o que ayude a uno de sus hermanos o juegue con él.
Cuando esté tranquilo, enséñale formas en que se puede calmar cuando se enfada:
Respirar hondo, imaginarse en un lugar que le guste y para el niño represente tranquilidad. 
Proponle dibujar o, si es más mayor, escribir cómo se siente, porque plasmarlo en papel ayuda a ordenar y aclarar los pensamientos y a ir más al fondo de la frustración. Así si no quiere hablar contigo o le cuesta, puede escribirlo cuando quiera y después leerlo tú.


Además debemos reconsiderar nuestras razones para decir no. Muchas veces decimos NO a cosas que no tienen un motivo real para prohibirlas. Les ponemos miles de normas y constantemente les estamos diciendo que NO a todo. Esto es agotador para nosotros y para ellos. Si, en alguna ocasión, su petición es legítima, podemos ceder (pues la persistencia, en ocasiones, es buena y adecuada). ¿Por qué no comer un trozo de pan a la salida del cole? ¿Por qué no pararnos a contemplar la mariposa que se acaba de posar sobre un banco?

Pero si decidimos mantenernos firmes y se produce una rabieta deberemos acompañarles de la mejor manera posible, con todo el amor del mundo sin intentar imponerles nuestros criterios “porque sí”.


¿Preparados para la próxima rabieta?




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martes, 3 de octubre de 2017

Respiras y yo: Nace Daniela

Hoy quiero agradecer a Cristina que haya querido compartir con nosotros, con tanta prontitud y frescura, el testimonio del nacimiento de su tercera hija. 
Os dejo con el testimonio de que los partos naturales y no intervenidos en hospitales son posibles.

"A las 9 de la mañana del día 1 de octubre la abuela llegaba a casa para quedarse con los hermanitos de Daniela porque papá y mamá tenían que ir a monitores a Córdoba. Todos estábamos contentos, los niños de ver a su abuelita, nosotros porque escucharíamos a Daniela. Después de desayunar y ducharnos todos nos hicimos una foto con Daniela en la barriguita… ¿volvería nuestra princesa dentro?

A las 14 horas estábamos en monitores en el Hospital de la Cruz Roja en Córdoba. Al terminar los monitores, mi profesional, encantadora y guapísima ginecóloga Elvira, nos dijo que mejor nos fuésemos a comer, paseáramos unas dos horitas y luego volviéramos al hospital. Así lo hicimos. Gambitas, croquetas de rabo de toro y pulpo, paseo por las calles de Córdoba como nunca antes, incluso con tiempo de comprarme un original paraguas. A las 17:30 estábamos los dos de nuevo para ver cómo seguía la pequeña Daniela. He de reconocer que alguna que otra contracción me dio durante el paseo, pero nada predecible. Al final de los monitores vemos cómo en la gráfica hay alguna que otra contracción y por consejo de Elvira y Raquel (una estupenda matrona a quien tuvimos el gusto de conocer unas horas) nos recomendaron no volver a casa por los 125 km que nos separaban hasta el hospital (como mucho buscar un hotel cerquita y hacer, si acaso, algún ejercicio...). A las 19 horas nos disponemos a salir de la habitación del hospital con el alta médica, pero en ese momento, Daniela decide que no. Cuatro contracciones de 1 minuto, separadas por cinco minutos, sin haber salido siquiera de la habitación. Nos hacen pedir de nuevo quedarnos y, a partir de ahí, vino lo rápido, intenso pero precioso de este parto.

Parto respetado

Respetaron la decisión de un parto natural sin epidural, sin tactos, sin monitores. Sólo con mis cascos de música, una pelota de Pilates, un buen sillón, ese gran padrazo que Dios ha dado a mis hijos (a la vez paparazzi), Daniela y yo (y Raquel y Elvira en todo momento pendientes de nuestro estado). Pasamos dos horitas entre contracciones, fotos y algún que otro whatsapp avisando de que Daniela estaba a punto de llegar.

A las 21 horas acabó el turno de Raquel, pero se encargó de dejarle todo detallado de cómo quería mi parto a Macarena, otro encanto de matrona que tendríamos el gusto de conocer (¿o no? Porque vino a presentarse y nuestras caras nos sonaban de antes. Pensamos que habríamos coincidido en monitores en este hospital).

Las contracciones eran cada vez más intensas, largas y frecuentes; pero ahí seguimos Daniela y yo cantando a una nuestra canción de Kesia “Respiras y yo”, cuando en dos contracciones sentí que algo estaba apretando mis caderas. Y, aunque el movimiento de la pelvis me aliviaba, esa sensación era diferente. Pedí a mi gran acompañante que avisase a Macarena y ahora sólo recuerdo su cara, cómo vinieron las auxiliares de rápido para prepararme la cama y la llamada urgente a Elvira avisándole de que Daniela ya estaba aquí. Salimos hacia paritorio mientras miraba mi reloj que marcaba las 21:30 y, una vez allí, agradecer de nuevo el tacto a mi, por casualidades de la vida, ginecóloga, que al final, con mis pujos, y rompiéndome la bolsa porque estaba intacta, ayudó a Daniela a nacer, dejándome tocar su cabecita cuando coronaba, cuidando mi periné con delicadeza y facilitando la salida de mi placenta. A las 21:40 Daniela estaba sobre mí, piel con piel, sin separarnos para nada. Papá y yo estábamos súper emocionados y avisando a todos los familiares y amigos de su llegada.


Testimonio parto

Nuestra princesa se ha enganchado al pecho fenomenal y ya está deseando conocer a sus dos hermanitos que tan ilusionados están de ver su carita. Es momento de adaptación para la familia, pero entre todos lo conseguiremos.

Casualidades de la vida, finalmente Macarena supo de dónde nos conocíamos: hacía unos 10 días ella misma me puso un monitor en el Hospital de Puertollano. El destino quería que ella, aquí o allí, me acompañase. ¡Cuántos ángeles!


Agradecer a todos los que confiáis en mí y a aquellos que respetáis estos partos que, aunque dolorosos, se viven intensa y emotivamente."


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